Algunas lecciones se aprenden por las malas. Otras se aprenden cuando una D mayúscula aparece en pantalla y todo lo que creaste comienza a arder de inmediato. Dwarf Fortress comenzó como una cuadrícula de letras donde para sobrevivir había que saber que “≈” significaba agua, “^” era el terreno y “D”, el final de tu optimismo arquitectónico. Las carpas te enseñaban la humildad. Civilizaciones enteras acababan destruidas porque se te olvidó construir una puerta. Las fortalezas se derrumban, las cervecerías producen superávit y los gatos toman decisiones vitales catastróficas. No es un fracaso: todo forma parte del plan. La asistencia es obligatoria, y la supervivencia, opcional. Y recuerda: perder también es divertido.
Esta pieza forma parte de Insert Coin Collection, una colección de videojuegos en formato físico con cada caja montada en 3D. Para girar la caja hace falta activar JavaScript.
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